En algún lecho del golfo de Corinto, una mujer contempla, a la luz del fuego, el perfil de su amante dormido. En la pared, se refleja la sombra.El amante, que yace a su lado, se irá. Al amanecer se irá a la guerra, se irá a la muerte. Y también la sombra, su compañera de viaje, se irá con él y con él morirá. Es noche todavía. La mujer recogeun tizón entre las brasas y dibuja, en la pared, el contorno de la sombra. Esos trazos no se irán. No la abrazarán, y ella lo sabe. Pero no se irán.
“No hubo rito iniciativo ni promesa de eterna fidelidad, sólo sucedió temprano, como algunas bodas primitivas. Estamos envejeciendo juntos, y quizás juntos nos iremos de este mundo. En épocas inquietas, algunos fueron arrojados por la borda, otros se extraviaron; los elegidos permanecen en el remanso de la vida, disputando el espacio y desafiando al olvido. La luz implacable destiñó sus lomos y a veces la tinta interior, como si empezaran a callar…” “Casada con los libros” de María Elena Walsh.
Cuando era chica en la casa de mis abuelos, dentro de una de las piezas había una biblioteca enorme hecha de chapas y tornillos de gran tamaño que sostenían los estantes, con colores alegres y deslumbrantes repletos de libros de lectura ( cuentos, diccionarios viejos y algunos tenían actividades con dibujos divertidos que se confundían con revistas como “Trapito” o “Billiken”). Claro que, para mí, desde mi uso de razón, nunca me llevé demasiado bien con esa biblioteca ni con sus libros sólo la utilizaba para jugar a las escondidas cuando mis primas venían en las vacaciones de verano, o a los espacios “tenebrosos” de una mansión embrujada; el resto del año era sacar un libro de allí y transcribirlo en un cuaderno borrador para mejorar mi letra y poder entrar a la escuela primaria leyendo y escribiendo. Admito que me costó y mucho, ni hablar cuando tuve que memorizar el abecedario: pasaba la mayor parte en esa pieza repitiendo una y otra vez las letras escritas en cartulina, pegadas en uno de los estantes de la biblioteca. Cuando entré a la escuela otro mundo más difícil se desplegó: nueva escuela (muy diferente a mi jardín de infantes), socializar con chicas de mi misma edad y con mi maestra, y algo no menos importante, mi reencuentro con los libros de textos con miles de actividades para escribir allí mismo o en mi cuaderno forrado con papel araña de color azul, donde mi maestra me ponía un bien en las actividades y la firma de la directora al final: “¡Sigue así!” A medida que fueron pasando los años, mi reconciliación con los libros fue total.Me fueron dando textos de mayor complejidad, compilados de libros, relatos y novelas donde descubrí la riqueza de ese mundo fantástico y, en algunos casos, reales. Fui sacando libros de esa vieja biblioteca para sentarme en un rincón de la pieza y, sin que nadie me molestara, me inicié en la aventura de cruzar el mar hasta llegar a Europa y convertirme en la Princesa rebelde Sissi, me interné en la selva con Horacio Quiroga y bailé junto a los flamencos y sus medias de piel de serpiente, investigué con el famoso sapo detective Ruperto, participé en las tragedias de Edipo y Antígona… ¡cuántas aventuras habré pasado!. Hoy, como futura docente, quiero transmitir la importancia que tienen los libros y la lectura como lo que es: una aventura sin principio ni fin, donde los chicos son los protagonistas de las historias, ya que la lectura es un espacio de juego, de escucha, de aprendizaje, y de reflexión con el docente y con sus compañeros. En cuanto a mi relación con los libros voy a citar nuevamente un párrafo del artículo de la escritora María Elena Walsh, ya que explica lo que de verdad siento y lo que me fue pasando a lo largo de los años: “Son libros, y una se ha casado con ellas, prometiendo cuidarse en la dicha y la adversidad, la enfermedad y la salud. No siempre fue perfecta la convivencia, pero sí fue imposible la separación.” Les propongo a los lectores responder estas preguntas en voz baja y pensando en aquellos libros que dejaron olvidados en ese rincón de la biblioteca de su casa o, como me pasó a mí, en la vieja biblioteca de sus abuelos: ¿Qué libros se llevaría a una isla desierta? ¿Por qué? ¿A qué libros se abrazaría en un avión en llamas? ¿Por qué? ¿Cuál escogería al ser obligada repentinamente a mudarse de país a otro planeta? ¿Por qué?
Maria Florencia Navarro. Comodoro Rivadavia. 5/6/2009
Buenas tardes querida comunidad educativa del Colegio de Biología Marina:
Equipo directivo, docentes, preceptores, responsables administrativos y operativos, familias, muy queridos alumnos de noveno año.
Con frecuencia me pregunto: ¿Otro mundo… es posible?
Durante estos años compartidos con los jóvenes que hoy concluyen su tercer ciclo de la Educación General Básica, una relación vital con el enseñar y el aprender nos posibilitó crecer como personas convencidas de que
entre todos es posible la construcción de algo nuevo que puede ser mejor.
En cada clase los chicos me invitaban a un diálogo comparable al que un lector entabla con una cautivante obra literaria.
Primero nos fuimos acercando y descubriéndonos desde la cara sensitiva (como se reconoce en un libro su nombre en la tapa, la textura, los colores, su presencia.)
Convencidos de que valía la pena, fuimos explorándonos en nuestra tarea cotidiana y descubrimos que la riqueza del grupo se revelaba en सु complementariedad
Los chicos de 9º son una evidencia de que son únicos pero pueden multiplicarse en la acción solidaria, racionales para definir una decisión y también intuitivos para interpretar una situación.
Sus voces son a veces estridenciassuperpuestas de varios “Yo, yo, yo profesora” y muchas otras suenan en una afinadapolifonía de “estuvimos pensando entre todos y llegamos a la conclusión…”
Por momentos son serenos, casiimperceptibles de modo que quien ingresa al aula pregunta:
E _ “¿Están en prueba?
N_ No, estamos leyendo”
Y siempre son apasionadosy expresivos cuando defienden su identidad: “los grandes nos juzgan a todos los adolescentes por igual. Creen que somos desordenados , nos pasamos el día sentados frente a la compu, pero cada uno de nosotros sabe qué es lo importante , aunque a veces lo que elegimos es distinto de lo que los grandes quieren”
A medida que profundizábamos el vínculo humano fundante de la relación de enseñanza y aprendizaje, nos encontrábamos y desencontrábamos en el diálogo (como a veces nos pasa cuando el libro entre las manos nos resulta “complicado, profe”… “hace falta estar muy atentos y estamos cansados… entramos temprano a la mañana, tuvimos natación”)
Sin embargo nunca nos abandonamos en la dificultad y en cada situación nos fortalecía escuchar: “la clase de lengua es compleja pero pensemos juntos, vale la pena el desafío”... “ustedes están a la altura de las circunstancias, pueden hacerlo”
Cada situación problemática se convertía en una zona de trabajo común para la construcción de un territorio de posibilidades. Los chicos se involucraban en el problema y entre todos, recuperando la singularidad de cada palabra construíamos una respuesta superadora y liberadora.
Para esto era muy importante la confianza en los otros, porque nos permitía construir puentes nuevos más allá de nuestras diferencias.
Los chicos de noveno me enseñaron a leer desde otras perspectivas la ficción y la realidad. Logré nuevas síntesis y comprendí por ejemplo que Batman y otros héroes de mi adolescencia no morían nunca; y que los héroes de sus juegos en red se mueren … ¡pero tienen otra vida!
Son los chicos los que me ayudan a responder mi pregunta errática. Con ellos sigo creyendo que no hay nada más hermoso que un sueño y que no hay verdad más necesaria que la esperanza.
En este momento, en el que parece que cerramos el libro para abrirnos a otras lecturas, los despido con algunas ideas potentes que aprendí con un gran educador que se llamó Paulo Freire.
Él nos invita a entregarnos con alegría a la aventura de enseñar y aprender
Porquela escuela es el lugar de lo posible,
Porque hay una escuela en la que se piensa,
se actúa y se crea,
en la que se habla y en la que se ama.
Un lugar desde el que no le tenemos miedo al riesgo y
desde el que decimos apasionadamente SÍ A LA VIDA”.
Los protagonistas toman la palabra La escuela propicia, desde mucho tiempo atrás, la circulación de la palabra y la construcción de vínculos para acceder al conocimiento।
jueves, 27 de noviembre de 2008
La cocina familiar se alza con sencillez si le damos la oportunidad a la imaginación... Fresco, voluptuoso, tonificante es una oleada de aromas silvestres condensados en el rojo tentador de este fruto de la Naturaleza americana. Vital y cautivante fue hurtado desde las costas del Perú, por un conquistador nada " Cortés". Nació " tomatl", libre, orondo, exudando sabores aztecas. Mutó en " tomate" cuando atravesó el Atlántico. Desde las grietas castigadas de la madera, filos asesinos intentan silenciar su origen en la fosa común de la ensaladera. En nuestra lucha milenaria por la identidad no podrán los Imperios matar las semillas que paren, los brotes que empujan, los frutos que revientan colores y aromas. En el ciclo inevitable en que la vida siempre se abre paso, confirmamos quiénes somos, de dónde venimos y porqué vivimos. ( desde " Oda al tomate" de Don Pablo para no morir por la rutina ) Pausa
La alegría de vivir es una virtud fundamental para la práctica educativa democrática. Esta concepción vital de la educación es la que nos permite ver la escuela como una aventura en marcha, que no le tiene miedo al riesgo y que por eso mismo se niega a la inmovilidad. Una escuela que no enmudece. La escuela en la que se piensa, en la que se actúa, en la que se crea, en la que se habla, en la que se ama. ( En "Cartas a quien pretende enseñar" de Paulo Freire)